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El Coronavirus apareció como un jarro de agua fría y puso todo en suspensión. De una forma en que jamás habríamos imaginado, y con el fin de evitar que los hospitales colapsaran, sumió a todo el mundo en un confinamiento en el que España destacó por su dureza: 3 meses de cierre casi completo, sólo permitiéndonos salir a tirar la basura y hacer la compra semanal.
Todo tipo de actividad no imprescindible se vió obligada a cerrar con el fin de evitar la expansión del virus.

En este distópico escenario, Valencia, una ciudad llena de vida en cualquier época del año, con gente haciendo vida en la calle a diario, bares y restaurantes llenos, centros de ocio, actividades culturales, deportes al aire libre y todo tipo de eventos y situaciones que muestran la cantidad de vida que tiene la ciudad, se vió de repente vacía y en silencio. Ni una sola persona fuera de su domicilio.
Casi 800.000 residentes habituados a salir a diario encerrados. Ni un coche en movimiento, ni una tienda abierta, ni una persona caminando.

Una ciudad tan atronadora como las mascletàs que cada año se tiran en Fallas de repente estaba en silencio.

Y eso es lo que este foto reportaje muestra. Valencia de una forma en la que nunca antes había estado: vacía.